EL VERANO, UN TIEMPO PARA VIVIR EL EVANGELIO DE LA PAZ Y LA MISERICORDIA: RESPUESTA DE LEÓN XIV A UN LECTOR DE LA REVISTA “PIAZZA SAN PIETRO” (22/07/2026)

El Papa León XIV respondió a un lector de la Revista “Piazza San Pietro”, quien le pregunta cómo vivir las vacaciones no sólo como «un paréntesis de la rutina cotidiana», sino como un camino espiritual dentro de la propia vida de fe, y en su respuesta exhorta a hacer de este tiempo una experiencia de fraternidad y comunión. También dirige su pensamiento a quienes no pueden disfrutar siquiera de «un breve período de descanso» y recomienda que, «durante las vacaciones», se eviten «los excesos y el despilfarro». Transcribimos a continuación la misiva del lector, así como la respuesta del Santo Padre, traducidas del italiano:

Muy querido Santo Padre:

Me permito escribirle con respeto, sincera y profunda gratitud por su constante e infatigable compromiso al guiarnos a nosotros los fieles con palabras de paz, esperanza y luz en este tiempo de relevante inestabilidad entre los pueblos que todos los días ve a abrirse los conflictos que son erróneamente relegados al pasado en detrimento del diálogo recíproco.

En los últimos tiempos he reflexionado profundamente, a la luz de estos eventos bélicos, sobre el significado de la fe en la vida cotidiana. En un mundo cada vez más veloz y activo, pero a menudo, superficial y distraído, gusto odiar y hacer crecer una fe auténtica requiere de atención, silencio, escucha y, a veces, también esfuerzo. Me pregunto a menudo cómo es posible vivir y alimentar una espiritualidad más consciente y más verdadera, capaz de traducirse en gestos concretos de amor, y de responsable respeto hacia los demás.

Con la cercanía de las próximas vacaciones, si el deseo de vivir este tiempo necesario y legítimo no sólo como pausa y descanso, sino también como una ocasión para redescubrir una dimensión más profunda de mi interioridad.

Quisiera lograr hacer más lento el incesante y frenético ritmo de la vida cotidiana, observar con mayor atención lo que me rodea y reencontrar un espacio auténtico de encuentro con Dios Padre. Le estaré profundamente agradecido si puede ofrecerme una reflexión o un consejo sobre cómo vivir ese tiempo de verano de manera que se convierta también en un camino espiritual y no sólo en un paréntesis de la rutina cotidiana.

Le agradezco por la escucha y por el testimonio que ofrece cada día con su apostolado.

Con sincera y profunda devoción, Maurizio, de Roma.

Respuesta del Santo Padre

Muy querido Maurizio:

Gracias por su carta que me permite hacer una reflexión sobre las vacaciones ya próximas. Una primera consideración se refiere a los pobres y a todos los que no pueden ni siquiera vivir un breve periodo de descanso, porque son aplastados por el peso de dificultades de todo tipo. No están sólo los problemas económicos que impiden a las personas vivir, al menos por algunos días, en la serenidad y la paz del corazón. Pensemos en los enfermos, en las personas que han perdido la confianza en la vida, a quien es sacudido por el dolor por la pérdida de sus seres queridos, en las víctimas de la guerra, del odio, del terrorismo y la violencia, en los perseguidos por causa de la fe y la justicia, en los detenidos, en quien no tiene trabajo, ni casa, en los migrantes que no son acogidos humanitariamente.

Las vacaciones deberían ser para todos también un espacio para suspender las ocupaciones y las preocupaciones, en el cual poder vivir experiencias auténticas de amistad, de compartir, de manera que puede experimentarse un anticipo de esa fraternidad y comunión que podemos vivir y viviremos en el Reino de Dios. En particular a los cristianos, a las familias, a los padres y a los hijos, a los jóvenes y a los más ancianos, les deseo que el verano sea una ocasión para experiencias fructuosas sociales y religiosas, para profundizar la misión en la Iglesia y la sociedad. Espero, además, que a los enfermos no les falte durante estos meses de verano la cercanía de sus familiares, de los voluntarios y las personas que pueden decidir pasar una parte de las vacaciones en un compromiso fraterno de solidaridad.

A las familias les digo: no dejen solos a sus ancianos. Y a los voluntarios, los jóvenes y los no tan jóvenes: comprométanse a llevar humanidad y esperanza a los que sufren y verán frutos de gracia, verán cuánto el amor llenará su vida, cuánta alegría, cuánta felicidad.

Ese es el consejo que puedo dar para hacer crecer nuestra fe. Utilizar también el tiempo del verano para vivir el Evangelio de la paz y la misericordia. Pensemos en el privilegio que tenemos cuando apoyamos a los pobres y damos testimonio de la pobreza evangélica. Este es un servicio que hacemos a Cristo mismo. Y entonces, durante las vacaciones, evitemos también los excesos y los despilfarros, el materialismo y el consumismo, eduquémonos para la sobriedad. Recordemos siempre que la acumulación de los bienes obstaculiza a la evangelización.

Que también las vacaciones sean coherentes con un estilo cristiano de vida. El amor y la gracia de Dios nos alcanzan todos los días, siempre. Ayudémonos, en cada comunidad, a no desperdiciar este objetivo patrimonio de humanidad y de paz, la única esperanza para darle un futuro al mundo amenazado por la guerra. Ningún poder terrenal salvará al mundo, como lo dije en el Santuario de la Virgen de Pompeya el 8 de mayo pasado, sino sólo el poder divino del amor que Jesús, el Señor, nos reveló y entregó. ¡Creamos en Él, esperemos en Él, sigámoslo a Él!

Le agradezco por sus palabras, Maurizio, y le acompaño con mi bendición.

LEÓN XIV

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