ACOGER Y DEFENDER A LOS MIGRANTES ENRIQUECE LA HISTORIA DE ESTADOS UNIDOS: CARTA DE LEÓN XIV POR EL 250º ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DE ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA (04/07/2026)
Extiendo mis sentidas felicitaciones a todos los estadounidenses con motive del 250º aniversario de la firma de la Declaración de Independencia. Esta mitad del quinto centenario marca ese momento definitorio en la historia de los Estados Unidos de América, 4 de julio de 1776, que dio voz duradera a los ideales de libertad, igualdad, la búsqueda de la felicidad, la justicia y el autogobierno democrático.
Durante dos siglos y medio, generaciones de estadounidenses han trabajado juntos para hacer avanzar estos principios – a través del sacrificio, el servicio, la innovación y la participación cívica. Este aniversario sobresale como una invitación no sólo a celebrado el admirable camino de la nación, sino también para reflexionar sobre las responsabilidades que los hijos e hijas de este país tienen mutuamente y hacia las generaciones que heredarán la nación que está formándose hoy.
Entre los más apreciados de estos principios está la libertad religiosa – el derecho de toda persona para rendir culto de acuerdo con su conciencia y practicar su fe abiertamente, sin coerción o miedo. Al marcar este aniversario, es importante reconocer que la libertad de religión ha sido central por largo tiempo en la promesa americana, protegiendo tanto la dignidad individual como la coexistencia pacífica de personas distintas.
Esta misma libertad ha permitido a la Iglesia Católica arraigarse y florecer en los Estados Unidos, para el beneficio no sólo de sus miembros, sino de toda la nación. Como hijos e hijas fieles de la Iglesia, los católicos están llamados a imbuir cada dimensión de su existencia con la caridad de Cristo (cf. 2 Cor 5, 14), viviendo el evangelio en las circunstancias de la vida diaria. Dicha forma de vivir ha hecho surgir muchos beneficios que la iglesia ha provisto durante los años al desarrollo de esta nación. En particular, traigo a la memoria su servicio en las áreas de la educación, el cuidado preferencial de los pobres, los servicios sociales básicos y de salud, para nombrar algunos.
En la Encíclica Sapientiae christianae, mi predecesor el Papa León XIII escribió que «no hay mejor ciudadano… que el cristiano que es consciente de su deber» (n. 7). De hecho, la fe – lejos de colocarse en oposición a las responsabilidades de la ciudadanía – da nuevo vigor a la búsqueda de la justicia, la paz y el bien común, perfeccionando todos los dones naturales dados por el Creador. San Pablo mismo animó a los primeros cristianos a orar por aquellos en posiciones de autoridad para poder vivir una vida pacífica de acuerdo con la voluntad de Dios (cf. 1 Tim 2, 2). Al respecto, es en el fiel cumplimiento del deber – hacia Dios y hacia la patria – que los católicos están llamados a seguir sirviendo a la nación, como levadura para el crecimiento de una civilización de amor (cf. Mt 13, 33).
También entre los principios que han guiado el desarrollo de este país está la dignidad dada por Dios a toda vida humana, a cada persona que ha sido dotada con un valor inherente que exige reverencia, protección y cuidado. En este espíritu, un pleno entendimiento de esta dignidad lleva a reconocer la importancia de salvaguardar la vida humana desde su inicio en la concepción hasta la muerte natural, y de construir una sociedad en la cual los vulnerables, los que sufren y los olvidados siempre sean atendidos con compasión, solidaridad y amor.
Defender la vida humana también incluye recibir, proteger y asistir a los inmigrantes, cuyas esperanzas, sacrificios y contribución han formado parte de la historia de este país desde sus mismos inicios. En toda generación, aquellos que han llegado buscando libertad, oportunidades y un lugar al cual pertenecer, han ayudado a moldear el carácter de la nación. Recibirlos con compasión y generosidad no es sólo un acto de caridad, sino también reconocer la dignidad que pertenece a toda persona humana.
En mi reciente Carta Encíclica, Magnifica humanitas, escribir acerca del hecho de trabajar juntos por el bien común. «construir un mundo en el que todos puedan florecer requiere una responsabilidad compartida y valentía. Nadie puede por sí mismo soportar el peso de los desafíos que el mundo está enfrentando» (n. 13). No necesitamos mutuamente, y necesitamos trabajar juntos en unidad para confrontar los desafíos que el mundo está enfrentando hoy.
Que este acontecimiento renueve el compromiso compartido con la promesa de libertad, justicia, oportunidad y democracia. Que no ha estado estadounidenses honren la valentía y la visión de aquellos que los precedieron fortaleciendo sus comunidades, respetando sus diferencias y trabajando juntos hacia una unión más perfecta.
Felicitaciones por este aniversario nacional extraordinario. Que el espíritu de 1776 siga inspirando esperanza y unidad mientras que los Estados Unidos de América se mueven hacia el futuro. A asegurarles mis oraciones por sus renovados esfuerzos para fortalecer la nación en los principios que guiaron a sus padres fundadores, los encomiendo a la intercesión de la Inmaculada Concepción, patrona de este país, para que siga velando sobre los Estados Unidos de América y proteja a quienes allí habitan.
Desde el Vaticano, 25 de junio 2026
LEÓN PP. XIV

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