SE DA A CONOCER EL DOCUMENTO PREPARATORIO PARA EL ENCUENTRO DE OCTUBRE SOBRE “AMORIS LAETITIA” (06/07/2026)

Fue enviado a los Jefes de las Iglesias Católicas Orientales sui iuris y a los Presidentes de las Conferencias Episcopales, y se hace público este 6 de julio, el Itinerario temático, documento que prepara y acompañará los trabajos del Encuentro que el Papa León XIV celebrará con ellos en el Vaticano del 7 al 14 de octubre de 2026.

El Encuentro había sido anunciado por el Pontífice mediante el Mensaje del 19 de marzo de 2026, con ocasión del décimo aniversario de Amoris laetitia, la Exhortación Apostólica Postsinodal publicada el 19 de marzo de 2016 por el Papa Francisco, fruto de un camino de discernimiento sinodal que se prolongó durante tres años y que tuvo como eje la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos (2014) y la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (2015). Publicamos a continuación el texto del documento, traducido del italiano:

Diez años después de Amoris laetitia:
anunciar el Evangelio con las familias de hoy

Encuentro del Santo Padre León XIV
con los Jefes de las Iglesias Orientales Católicas
y los Presidentes de las Conferencias Episcopales

7-14 de octubre de 2026

ITINERARIO TEMÁTICO

El encuentro del Santo Padre con los Jefes de las Iglesias Católicas Orientales sui iuris y los Presidentes de las Conferencias Episcopales nace con el fin de «proceder, en un clima de escucha recíproca, a un discernimiento sinodal sobre los pasos a dar para anunciar el Evangelio a las familias de hoy, a la luz de Amoris laetitia y teniendo en cuenta lo que se está realizando en las Iglesias locales» [1]. Se trata, por tanto, de un camino eminentemente pastoral, que se enmarca en el dinamismo de la «conversión pastoral» ya en marcha.

En este itinerario, estamos invitados a pedirle al Señor «el valor para continuar el camino» abierto por Amoris laetitia, «acogiendo siempre de nuevo el Evangelio, con la alegría de poder anunciarlo a todos». En este horizonte, las familias no son solamente destinatarias de la acción pastoral de la Iglesia, sino sujetos de su misión, mediante los cuales el Evangelio toma forma en las relaciones cotidianas, en las elecciones, en la fragilidad y en la esperanza.

Los días de trabajo están pensados para constituirse en un espacio real de encuentro, escucha y discernimiento: acogiendo las experiencias vivas de las familias, compartiendo historias concretas de vida, reflexionando sobre las iniciativas de acompañamiento que la comunidad eclesial está poniendo en práctica con la ayuda de la gracia de Dios, dialogando con expertos. El objetivo es discernir hacia qué dirección nos está guiando hoy el Espíritu Santo, para reconocer, sostener y promover lo que Él ya está obrando en las familias y valorar su contribución a la misión de la Iglesia.

1. Las familias de hoy: realidad, belleza y desafíos

Discernir los signos de los tiempos a partir de la experiencia de las familias y del compromiso de la Iglesia de hoy

El punto de partida del encuentro es una visión sobre la realidad iluminada por el Evangelio y radicada en Cristo: «Nuestra época está marcada por rápidas transformaciones que, incluso hoy más que hace diez años, hacen necesaria una especial atención pastoral a las familias, a las que el Señor confía la tarea de participar en la misión de la Iglesia de anunciar y dar testimonio del Evangelio».

Tras Amoris laetitia, vuelve a ser esencial «valorar aquellos signos de amor que de algún modo reflejan el amor de Dios», acompañando a las personas «con paciencia y delicadeza» (AL 294). Esto nos pide ponernos a la escucha de la vida concreta de las familias y de las experiencias de quienes las acompañan, reconociendo la belleza del amor que toma forma en la cotidianidad junto a las fragilidades que a menudo la atraviesan, entre ellas, la precariedad del trabajo y del hogar, la enfermedad, la dificultad de la educación de los hijos, la soledad afectiva, el cuidado de los familiares con discapacidad, de los ancianos o de los no autosuficientes.

¿Cuáles signos de esperanza, cuáles desafíos y cuáles puntos críticos surgen hoy de las vidas de las familias de diversos contextos culturales y sociales? ¿De qué manera las transformaciones de nuestro tiempo afectan a la experiencia del amor entre hombre y mujer, la generación, el cuidado, la transmisión de la fe y la misión de la Iglesia? ¿Cuáles son las experiencias pastorales que más nos ayudan a reconocer la acción de Dios en la vida concreta de las familias y valorar los recursos humanos y espirituales? ¿Qué aprendemos de la escucha de las familias y de la experiencia de las Iglesias locales? ¿De qué manera puede el diálogo entre la experiencia vivida, el discernimiento eclesial, la investigación teológica y las ciencias humanas, ayudarnos a comprender más profundamente la realidad de las familias y acompañarlas?

2. Los jóvenes y el descubrimiento de la vocación matrimonial

Escuchar a los jóvenes y acompañarlos en el descubrimiento del valor del matrimonio

En muchas partes del mundo, los jóvenes viven en contextos donde se ha debilitado la confianza en la posibilidad de construir un proyecto estable matrimonial y familiar, por razones económicas, sociales y culturales. Los jóvenes están en la búsqueda del sentido, de testimonios – parejas fieles y creíbles – y de personas capaces de escucharlos y ayudarlos a descubrir la belleza y la promesa del matrimonio cristiano: «Por eso, el compromiso de la Iglesia […] debe renovarse y profundizarse, para que […] los jóvenes se sientan atraídos por la intensidad de la vocación matrimonial en la Iglesia». ¿Qué lenguajes, experiencias e itinerarios educativos y espirituales ayudan hoy a los niños, adolescentes y jóvenes a reconocer el valor del matrimonio? ¿Qué testimonio pueden ofrecer las parejas y las familias? ¿Cómo pueden acompañarlos en su crecimiento emocional, relacional y sexual? ¿Qué pasos de atención y conversión pastoral pueden ayudar a la Iglesia a acompañar a las parejas que conviven en el discernimiento de un camino afectivo y familiar, madurando la elección del matrimonio y la acogida de los hijos?

3. La vida matrimonial. Los primeros años de matrimonio: un tiempo decisivo

Escuchar y acompañar a las parejas en los primeros años de vida matrimonial y en cada etapa de la vida

Requiere una atención específica a la experiencia de las parejas en los primeros años de la vida matrimonial, una fase particularmente importante para consolidar el vínculo conyugal y enfrentar juntos los cambios que conllevan el inicio de la vida familiar, como el nacimiento de los hijos y la conciliación entre la familia y el trabajo, dando un sentido renovado al amor conyugal y familiar.

«Por eso, el compromiso de la Iglesia […] debe renovarse y profundizarse, para que aquellos a quienes el Señor llama al matrimonio y a la familia puedan vivir su amor conyugal en Cristo», explorando también cómo favorece relaciones de vecindad entre familias, experiencias de apoyo mutuo y formas concretas de corresponsabilidad en la vida de la comunidad eclesial.

¿Qué formas de acompañamiento ayudan más a las parejas, particularmente en los primeros años de vida matrimonial? ¿Cómo favorecer relaciones de vecindad entre familias, experiencias de apoyo mutuo y formas concretas de corresponsabilidad en la vida de la comunidad eclesial? ¿Qué experiencias muestran la fecundidad de redes de familias capaces de sostenerse recíprocamente y convertirse, a su vez, en una presencia de acompañamiento y testimonio para otros?

4. En las dificultades de la vida: acompañar y apoyar

Caminar con las familias en situaciones complejas

Una atención particular se dedica a las parejas y familias que se encuentran, en todas las fases de la vida matrimonial, con situaciones de dificultad relacional, social, espiritual, en las que el Evangelio está llamado a acercarse aún más: «Debemos aprender a evocar la belleza de la vocación al matrimonio precisamente en el reconocimiento de su fragilidad, a fin de despertar “la confianza en la gracia” (AL 36) y el deseo cristiano de santidad. También debemos sostener a las familias, particularmente a aquellas que sufren tantas formas de pobreza y violencia presentes en la sociedad contemporánea». También el fracaso, la fragilidad, la distancia entre lo ideal y la realidad, y la complejidad de las situaciones se convierten en lugares donde reconocer la obra de la gracia de Dios y acompañar a las personas con respeto, paciencia y esperanza.

¿Qué pasos se han dado para apoyar a quienes viven en situaciones de fragilidad o dificultad? ¿Cuáles resistencias han surgido? ¿Cómo podemos construir comunidades cristianas en las que quienes han vivido la experiencia del sufrimiento, abandono, separación y divorcio puedan sentirse realmente escuchados, partícipes y corresponsables? ¿Qué experiencias concretas ya muestran el rostro de una Iglesia cada vez más capaz de cercanía, discernimiento, acompañamiento y aprecio, ayudando a personas y familias a recuperar la confianza, a reconocerse como parte de la comunidad y a experimentar la misericordia de Dios?

5. Las familias cristianas, sujetos de la misión de la Iglesia

Acoger al amor conyugal y familiar como impulso para la misión

Según las palabras de San Pablo VI, «los mismos esposos se convierten en guía de otros esposos» (Humanae vitae, 26). Ellos son testigos de que el amor no es una realidad estática, sino un camino dinámico de donación continua: «No fuimos hechos “para una vida donde todo es firme y seguro, sino para una existencia que se regenera constantemente en el don, en el amor”».

Los esposos saben bien que nunca se termina de aprender los lenguajes del amor, día tras día. Dentro de las comunidades cristianas, las parejas tienen un modo peculiar de responder a la vocación común al amor. En un mundo que cambia rápidamente, la contribución de las familias a la misión de la Iglesia es más necesaria que nunca para apoyar un “aprendizaje del amor duradero”, con los beneficios que esto genera para la vida personal, eclesial y social.

A pesar de los desafíos impuestos por los ritmos de la vida contemporánea, las familias permanecen como el primer lugar donde la fe se transmite a las nuevas generaciones (cf. AL 287); su misión se expresa de muchas maneras: en el testimonio cotidiano del Evangelio, en el acompañamiento de otras familias, en la participación en la vida de las comunidades cristianas y en la contribución ofrecida a la sociedad a través de experiencias de amor, cuidado y solidaridad.

¿Cómo valorar la experiencia de las parejas y las familias como un lugar de maduración humana, espiritual, eclesial y social? ¿Cómo acompañar un camino en el que la relación de pareja se convierta en una experiencia viva de crecimiento en la fe y la vida social? ¿Cómo reconocer y apoyar la contribución de las familias a la misión evangelizadora y a la conversión pastoral de las comunidades cristianas?

Vaticano, 3 de julio de 2026


[1] Cuando no se especifique, las citas vienen del Mensaje del Santo Padre León XIV, publicado el 19 de marzo de 2026 con motivo del décimo aniversario de Amoris laetitia, mediante el cual se dispuso la convocatoria de la presente reunión.

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