LOS CRISTIANOS UNIDOS EN LA FE ESTÁN LLAMADOS A SER UN SIGNO CREÍBLE DE PAZ: PALABRAS DE LEÓN XIV A LA DELEGACIÓN DEL PATRIARCADO ECUMÉNICO DE CONSTANTINOPLA (30/06/2026)
Su Eminencia, queridos hermanos en Cristo:
Me alegra mucho encontrarlos, después de nuestra celebración el día de ayer de la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, los santos patronos de esta Iglesia en Roma. Su presencia entre nosotros se expresa la cercanía fraternal de nuestra iglesia hermana en Constantinopla y de su pastor y guía, Su Santidad Bartolomé, Patriarca Ecuménico. Estoy profundamente agradecido con él y con todos los miembros del Santo Sínodo por haberlos enviado a Roma para continuar el tradicional intercambio de visitas en las fiestas de los santos patronos de nuestras respectivas Iglesias.
De manera particular, recuerdo vívidamente haber participado el año pasado en la fiesta de San Andrés, en la Iglesia Patriarcal de San Jorge en el Fanar. Recuerdo con alegría y gratitud los encuentros que tuve con Su Santidad Bartolomé, durante las cuales pudimos profundizar nuestra amistad mutua y compartir nuestros puntos de vista sobre distintos asuntos, sobre todo nuestro deseo común para avanzar en el camino hacia la unidad plena entre los cristianos.
Al respecto, la conmemoración del 1700 aniversario del Primer Concilio de Nicea se llevó a cabo la tarde de la fiesta de San Andrés en İznik, tras la invitación del Patriarca Bartolomé y en presencia de representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales. Esta celebración ofreció un testimonio elocuente de la comunión que ya existe entre los que comparten la fe en Dios, el Padre de todos, y que creen en Jesucristo, como Señor e Hijo de Dios, y en el Espíritu Santo, que nos inspira y nos guía hacia la plenitud de la verdad y la unidad. Dicho evento conmemorativo dejó claro que el Credo Niceno debe ser la base y al principio guía de este viaje ecuménico, ofreciendo el modelo de la verdadera unidad dentro de la legítima diversidad: Unidad en la Trinidad, Trinidad en la Unidad (cf. Carta apostólica In unitate fidei, 12). Que el camino hacia la celebración del segundo milenio de la Redención en 2033, lo emprendamos juntos todas las denominaciones cristianas del mundo, descubriendo de nuevo el don y la llamada a ser testigos del resucitado.
En una época marcada por guerras y una creciente polarización, así como por divisiones culturales y sociales, los cristianos – reconciliados entre nosotros y unidos en su profesión de la única fe – están llamados a ser un signo creíble de paz, haciendo una contribución decisiva a los esfuerzos de todos los hombres y mujeres de buena voluntad para construir la paz. Más aún, en la presente situación, no es solamente la credibilidad del mensaje cristiano lo que está en juego, sino el futuro mismo de la humanidad. La necesidad por una mayor cooperación entre los cristianos ante los retos actuales – que incluyen la paz, el uso adecuado de nuevas tecnologías y el cuidado por la creación – surge del Evangelio mismo de Jesucristo. De hecho, nuestra responsabilidad por la vida y la dignidad de todos los seres humanos, empezando con los más jóvenes y los más necesitados, es el criterio que determinará nuestro destino presente y eterno (cf. Mt 25, 31–46).
Su Eminencia, queridos hermanos, una vez más expreso mi gratitud de corazón por esta visita, así como por su compromiso personal y el del Patriarcado Ecuménico para promover la santa causa de la unidad cristiana. Les aseguro mis oraciones. Que a través de la intercesión de los Santos Apóstoles Pedro y Andrés, hermanos en la carne y en la fe, Dios nuestro padre nos acompañe siempre con su bendición. Gracias.

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