SÓLO EN LA CRUZ DE JESÚS EL MAL ES REDIMIDO: ÁNGELUS DEL 05/07/2026
«En la esclavitud, Cristo es liberación. Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la hora del pecado, Cristo es perdón. Esta es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos como discípulos en su nombre»: así lo dijo el Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Angelus de este 5 de julio. Al comentar el Evangelio de este XIV Domingo del Tiempo Ordinario (Mt 11, 25-30), el Santo Padre dijo que, hoy la liturgia nos invita a compartir la alabanza que Jesús eleva al Padre, «Señor del cielo y de la tierra». Compartimos a continuación el texto completo de su reflexión, traducido del italiano:
Queridos hermanos y hermanas, feliz domingo:
El Evangelio de la liturgia de este día (Mt 11, 25-30) nos invita a compartir la alabanza que Jesús eleva al Padre, «Señor del cielo y de la tierra» (v. 25). El Hijo de Dios, hecho hombre, manifiesta su amor al involucrar a toda criatura en esta acción de gracias.
La sencillez de un gesto tan espontáneo y alegre corresponde al estilo de Dios, que ama revelarse «a los pequeños», mientras permanece oculto «a los sabios y los doctos» (cf. v. 25). Estos, de hecho, están tan llenos de sus propias ideas que no reconocen la presencia de Cristo, el Mesías que visita a su pueblo. La sabiduría humana se convierte entonces en arrogancia y la doctrina se degrada en soberbia. La verdadera sabiduría de Dios se revela, en cambio, en la humildad de la carne y su enseñanza se dirige a quienes pasan más dificultad: «Vengan a mí, todos ustedes que están cansados y oprimidos» (v. 28), dice el Señor. Ir con Jesús significa corresponder a su amor y compartir su vida hasta la cruz, como nos explicó Él mismo: «Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga» (Mt 16, 24). Precisamente el don de sí mismo por amor es el “yugo” de Jesús (cf. Mt 11, 29), es decir, la síntesis de su enseñanza, el corazón de su sabiduría, ardiente de caridad hacia todos.
Hermanos y hermanas, ¿cómo puede ser “ligero” y “dulce” el peso de la cruz (cf. v. 30)? Por una única razón: porque el Señor lo lleva primero y con todos nosotros, sin dejarnos nunca solos ante lo que nos abate. Como auténtico maestro, Jesús se hace cargo de la humanidad herida por el mal, para cuidar de ella. La sabiduría que Él nos da es, entonces, un anuncio de salvación y su yugo nos levanta en cada caída. En el seguimiento de Cristo, nuestro camino no es, por tanto, una ascética que mortifica: es una escuela de libertad, que toma en serio el drama de la historia e ilumina siempre su sentido, sobre todo en los momentos más oscuros. De hecho, sólo en la cruz de Jesús el mal es redimido: sólo en su pasión nuestro cansancio mortal encuentra consuelo y rescate.
En la esclavitud, Cristo es liberación. Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la hora del pecado, Cristo es perdón. Esta es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos como discípulos en su nombre. Jesús nos lo enseña como Hijo, haciéndose nuestro hermano: con la fuerza del Espíritu Santo, Él mismo manifiesta a la Iglesia la verdad de Dios y del hombre, porque «nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (v. 27).
Muy queridos todos, mientras damos gracias al Señor por esta confianza suya llena de amor, pidamos la intercesión de María, Reina de la paz, por el bien de la Iglesia y del mundo entero.

Comentarios