VIVIR UN ESTILO EVANGÉLICO CON HUMILDAD Y CONFIANZA EN DIOS: ÁNGELUS DEL 19/09/2026
Queridos hermanos y hermanas, feliz domingo:
Después de la parábola del sembrador, Jesús sigue hablándole a las multitudes a través de algunas imágenes: el trigo bueno y la cizaña, la semilla de mostaza, la levadura en la harina (cf. Mt 13, 24-43).
Se trata de tres pequeñas parábolas que pretenden evocar la llegada del Reino de Dios en la historia, su acción en la vida de los hombres, la forma en que crece, se expande y transforma el mundo desde dentro. Con estos relatos, Jesús nos alerta sobre la tentación de pensar en Dios como una figura poderosa, que se impone por la fuerza, que ocupa el espacio para dominar, que llega de forma triunfal. Por el contrario, Dios prefiere la pequeñez, signo de su amor discreto, que nos deja libres para acogerlo o rechazarlo, que busca hacerse camino incluso en medio de la cizaña, que actúa de forma escondida e invisible como la semilla más pequeña de todas y fermenta dentro de la masa sin hacer ruido.
Hermanos y hermanas, con estas parábolas Jesús nos dice algo importante sobre la forma en que Dios actúa en nuestra vida y en la historia. A veces nosotros esperamos algo espectacular, deseamos un Dios que intervenga desde lo alto arrancando de inmediato la cizaña del mal. Imaginamos a un Dios fuerte y poderoso y, por desgracia, a esta imagen adecuamos también nuestra forma de ser cristianos y de ser Iglesia. En cambio, el Reino de Dios se difunde incluso en medio de la cizaña y nos pide una mirada capaz de captar el bien que brota incluso en la oscuridad del mal, sin juzgarlo todo de inmediato; viene como la más pequeña de las semillas y pide, entonces, la paciencia de saber acompañar los procesos, reconociéndolo en la pequeñez de lo cotidiano y en la sencillez de la vida ordinaria; crece de manera invisible, como la levadura en la harina y, así, nos libera del desánimo y nos invita a tener confianza incluso cuando nos parece que Dios está ausente. Porque, en realidad, Él nos acompaña siempre y su amor siempre está actuando en por nosotros.
Este estilo de Dios debe convertirse también en la forma en la cual, ya sea como individuos o como Iglesia, vivimos la realidad que nos rodea. Estamos llamados a asumir un estilo evangélico, sin oponernos precipitadamente con juicios arrogantes, sin imponernos con el poder y la fuerza, sin perder la confianza en la obra de Dios. Se trata – decía el entonces Cardenal Ratzinger – de someternos a la lógica de la semilla, que no es la del éxito y la grandeza, sino que nos pide hacernos pequeños y servir a la vida de las personas (cf. Discurso en el Congreso de los catequistas y los profesores de religión, 10 diciembre 2000). De este modo, nosotros mismos nos volveremos como una pequeña semilla de Evangelio que germina y como una levadura de amor que transforma la masa del mundo.
Oremos a María Santísima, que supo acoger la semilla de la Palabra en la pequeñez, para que nos sostenga en el camino e interceda por nosotros.

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