PARA QUE TRIUNFE EL DIÁLOGO, LOS CREYENTES DEBEN ATREVERSE A LA PROFECÍA: MENSAJE DE LEÓN XIV AL 46º ENCUENTRO DE RÍMINI (21/08/2025)

En su mensaje dado a conocer este 21 de agosto al Obispo de Rímini para la 46ª edición del encuentro promovido por Comunión y Liberación, firmado por el Cardenal Parolin, León XIV escribe que para servir a Dios hay que abandonar «la idolatría de las ganancias» que ha comprometido la justicia y la paz, y traducir el Evangelio «en formas de desarrollo alternativas» a aquellas «sin equidad ni sustentabilidad». Compartimos a continuación el texto del mensaje, traducido del italiano:

A su Excelencia Reverentísima
Mons. Nicolò Anselmi
Obispo de Rímini

Excelencia Reverentísima:

El tema del 46º Encuentro para la amistad entre los pueblos, que se realizará en Rímini en los próximos días, es una invitación a la esperanza: «En los lugares desiertos construiremos con ladrillos nuevos». El Santo Padre León XIV desea hacer llegar su saludo a los organizadores, a los voluntarios y a todos los participantes, con el deseo de reconocer en la alegría que la piedra descartada por los constructores ha sido puesta como «piedra angular, elegida, preciosa, y quien cree en ella no será decepcionado» (cf. 1 Pe 2, 6). La esperanza, de hecho, no defrauda (cf. Rom 5, 5).

Los desiertos son, en general, lugares descartados y considerados inadecuados para la vida. Sin embargo, ahí donde parece que nada puede nacer, la Sagrada Escritura continuamente vuelve a narrar los pasos de Dios. En el desierto, ante todo, nace su pueblo. Es, de hecho, solamente en camino entre sus asperezas que madura la elección de la libertad. El Dios bíblico – que observa, escucha, conoce los sufrimientos de sus hijos y desciende a liberarlos (cf. Ex 3, 7-8) – transforme el desierto en un lugar de amor y decisiones, lo hace florecer como un jardín de esperanza. Los profetas lo recuerdan como escenario de un compromiso, al cual hay que volver cada vez que el corazón se hace tibio, para volver a comenzar desde la fidelidad de Dios (cf. Os 2, 16). Monjas y monjes, desde hace milenios, habita en el desierto en nombre de todos nosotros, en representación de toda la humanidad, junto al Señor del silencio y de la vida.

El Santo Padre apreció que una de las muestras que caracterizan al Encuentro de este año esté dedicada al testimonio de los mártires de Argelia. En ellos resplandece la vocación de la Iglesia de vivir en el desierto en profunda comunión con toda la humanidad, superando los muros de desconfianza que contraponen a las religiones y las culturas, en la imitación integral del movimiento de encarnación y donación del Hijo de Dios. Es este camino de presencia y sencillez, de conocimiento y “diálogo de la vida” el verdadero camino de la misión. No una auto-exhibición, en la contraposición de las identidades, sino el don de sí mismo hasta el martirio de quien adora día y noche, en la alegría y entre las tribulaciones, sólo a Jesús como Señor.

No faltarán, como es costumbre, diálogos entre católicos de distintas sensibilidades y con creyentes de otras confesiones y no creyentes. Son importantes ejercicios de escucha, que preparan los “ladrillos nuevos” con los cuales construir ese futuro que ella Dios tiene reservado para todos, pero que se revela solo acogiéndonos uno al otro. Ya no podemos permitirnos resistir al Reino de Dios, que es un Reino de paz. Y ahí donde los responsables de las instituciones estatales e internacionales parecen no lograr que prevalezca el derecho, la mediación y el diálogo, las comunidades religiosas y la sociedad civil deben atreverse a las profecía. Significa dejarse empujar al desierto y ver desde ahora lo que puede nacer de los escombros y de tanto, demasiado dolor inocente. El Papa León XIV ha pedido a los Obispos italianos que «promuevan programas de educación hacia la no violencia, iniciativas de mediación en los conflictos locales, proyectos de acogida que transformen el miedo al otro en oportunidades de encuentro». Y además nos pide: «que cada comunidad se convierta en una “casa de la paz” donde se aprenda a desactivar las hostilidades a través del diálogo, donde se practica la justicia y se custodia el perdón. La paz no es una utopía espiritual: es un camino humilde, hecho de gestos cotidianos, que entrelaza paciencia y valentía, escucha y acción. Y que pide hoy, más que nunca, nuestra presencia vigilante y generadora» (Discurso a los Obispos de la Conferencia Episcopal Italiana, 17 de junio 2025).

El Santo Padre, entonces, anima a darle nombre y forma a lo nuevo, para que fe, esperanza y caridad se traduzcan en una gran conversión cultural. El amado Papa Francisco nos enseñó que «la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica (Evangelii gaudium, 198). Dios, de hecho, eligió a los humildes, a los pequeños, a los que no tienen poder y, desde el vientre de la Virgen María, se hizo uno de ellos para escribir, en nuestra historia, su historia. Auténtico realismo es, entonces, el que incluye a quien «tiene otro punto de vista, ve aspectos de la realidad que no se reconocen desde los centros de poder donde se toman las decisiones más determinantes» (Fratelli tutti, 215). Sin las víctimas de la historia, sin los hambrientos y sedientos de justicia, sin los que construyen la paz, sin las viudas y los huérfanos, sin los jóvenes y los ancianos, sin los migrantes y los refugiados, sin el grito de toda la creación no tendremos ladrillos nuevos. Continuaremos persiguiendo el sueño delirante de Babel, ilusionándonos con que tocar el cielo y hacerse un nombre sea el único modo humano de habitar la tierra (cf. Gen 11, 1-9). Desde el principio, en cambio, negar las voces de los demás y renunciar a comprenderse son experiencias erróneas y deshumanizantes. A ellas se opone la paciencia del encuentro con un Misterio siempre distinto, del cual es signo la diferencia de cada uno.

Desarmada y que desarma, la presencia de los cristianos en las sociedades contemporáneas debe traducir con capacidad e imaginación el Evangelio del Reino en formas de desarrollo alternativas a la vía de crecimiento sin equidad y sustentabilidad. Para servir al Dios vivo hay que abandonar la idolatría de las ganancias que pesadamente ha comprometido la justicia, la libertad de encuentro e intercambio, la participación de todos en el bien común y finalmente, la paz. Una fe que se aparte de la desertificación del mundo o que, indirectamente, contribuye a tolerarla, ya no sería seguimiento de Jesucristo. La revolución digital en curso pone en riesgo acentuar discriminaciones y conflictos: debe entonces ser habitada con la creatividad de quien, obedeciendo al Espíritu Santo, ya no es esclavo, sino hijo. Entonces el desierto se convierte en un jardín y la “ciudad de Dios”, preanunciada por los santos, transfigura nuestros lugares desolados.

El Papa León invoca la intercesión de la Santísima Virgen María, Estrella de la mañana, para que sostenga el compromiso de cada uno en comunión con los pastores y las comunidades eclesiales en las cuales están insertos: «En sinergia con todos los demás miembros del cuerpo de Cristo actuaremos, entonces, en armoniosa sintonía. Los desafíos que la humanidad enfrenta serán menos atemorizantes, el futuro será menos oscuro, el discernimiento menos difícil. Si juntos obedecemos al Espíritu Santo» (Homilía en la Vigilia de Pentecostés con los Movimientos, Asociaciones y Nuevas Comunidades, 7 de junio 2025).

Mientras que, de corazón, uno a los del Santo Padre también mis personales deseos, aprovechó la circunstancia para confirmarme con sentimientos de distinguido afecto.

De su Excelencia Reverentísima
devmo.
Pietro Cardenal Parolin
Secretario de Estado

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