LA VIDA NO ES OBJETO DE CONSUMO, SINO DON PARA EL BIEN DE LOS DEMÁS: ÁNGELUS DEL 10/08/2025

Previamente a la oración del Ángelus de este 10 de agosto, el Papa León XIV recordó a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro que el Evangelio invita a reflexionar sobre cómo invertir el verdadero tesoro de nuestra vida. Inspirado en el pasaje del Evangelio de Lucas 12, 32-48, el Santo Padre destacó la importancia de no guardar para uno mismo los dones recibidos de Dios, sino ponerlos al servicio de los demás con generosidad. Compartimos a continuación el texto completo de su alocución, traducido del italiano:

Queridos hermanos y hermanas, feliz domingo:

Hoy en el Evangelio Jesús nos invita a reflexionar sobre cómo invertir el tesoro de nuestra vida (cf. Lc 12, 32-48). Dice: «Vendan lo que poseen y denlo como limosna» (v. 33).

Nos exhorta, por tanto, a no guardar para nosotros los dones que Dios nos ha dado, sino a emplearlos con generosidad para el bien de los demás, especialmente de quienes tienen más necesidad de nuestra ayuda. Se trata no sólo de compartir las cosas materiales de las que disponemos, sino de poner en juego nuestras capacidades, nuestro tiempo, nuestro afecto, nuestra presencia, nuestra empatía. En resumen, todo aquello que hace de cada uno de nosotros, en los designios de Dios, un bien único, inapreciable, un capital vivo, palpitante, que para crecer requiere ser cultivado e invertido, porque de otro modo se seca y se devalúa. O bien termina perdido, a merced de quienes, como un ladrón, se apropian de él para convertirlo simplemente en un objeto de consumo.

El don de Dios que somos no se nos entregó para gastarse así. Necesita espacio, libertad, relación, para realizarse y expresarse: necesita amor, que es lo único que trasforma y ennoblece cada aspecto de nuestra existencia, haciéndonos cada vez más semejantes a Dios. No por casualidad Jesús pronuncia estas palabras mientras está de camino hacia Jerusalén, donde en la cruz se ofrecerá a sí mismo para nuestra salvación.

Las obras de misericordia son el banco más seguro y rentable donde confiar el tesoro de nuestra existencia, porque allí, como nos enseña el Evangelio, con “dos pequeñas monedas” incluso una pobre viuda se convierte en la persona más rica del mundo (cf. Mc 12, 41-44).

San Agustín, a este propósito, dice: «Uno estaría ya contento si de una libra de bronce obtuviera una de plata: o de una de plata, una de oro; pero de lo que se da se recibe algo realmente distinto, no oro ni plata, sino la vida eterna» (Sermón 390, 2). Y explica por qué: «La cosa entregada cambiará porque cambiará el que la da» (ibid.).

Y para entender lo que quiere decir, podemos pensar en una mamá que abraza a sus hijos: ¿no es la persona más hermosa y rica del mundo? O también dos novios, cuando están juntos, ¿no se sienten un rey y una reina? Y podríamos poner tantos otros ejemplos.

Por eso, en la familia, en la parroquia, en la escuela y en los lugares de trabajo, dondequiera que estemos, busquemos no perder ninguna ocasión para amar. Esta es la vigilancia que nos pide Jesús: acostumbrarnos a estar atentos, dispuestos, sensibles los unos con los otros, como Él lo está con nosotros en cada instante.

Hermanas y hermanos, encomendemos a María este deseo y este compromiso: que ella nos ayude, la Estrella de la mañana, a ser, en un mundo marcado por tantas divisiones, “centinelas” de misericordia y de paz, como nos enseñó San Juan Pablo II (cf. Vigilia de Oración para la XV Jornada Mundial de la Juventud, 19 agosto 2000) y como nos mostraron de una manera tan hermosa los jóvenes que vinieron a Roma para el Jubileo.

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