NO HOMOLOGARSE A LA MENTALIDAD DEL MUNDO Y ACTUAR EN EL BIEN: ÁNGELUS DEL 17/08/2025
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
Hoy el Evangelio nos presenta un texto exigente (cf. Lc 12, 49-53), en el que Jesús, con imágenes fuertes y gran franqueza, dice a los discípulos que su misión, y también la de quienes lo siguen, no es toda “rosas y flores”, sino que es “signo de contradicción” (cf. Lc 2, 34).
Al hablar así, el Señor anticipa lo que deberá enfrontar cuando en Jerusalén sea agredido, arrestado, insultado, golpeado, crucificado; cuando su mensaje, aún hablando de amor y de justicia, será rechazado; cuando los jefes del pueblo reaccionarán con violencia a su predicación. Por lo demás, muchas de las comunidades a las que el evangelista Lucas se dirigía con sus escritos, vivían la misma experiencia. Eran, como nos dicen los Hechos de los Apóstoles, comunidades pacíficas que, aún con sus límites, intentaban vivir de la mejor manera el mensaje de caridad del Maestro (cf. Hch 4, 32-33). Y, sin embargo, sufrían persecuciones.
Todo esto nos recuerda que no siempre el bien encuentra, a su alrededor, una respuesta positiva. Es más, a veces, precisamente porque su belleza no satisface a quienes no lo acogen, aquel que lo realiza termina encontrando duras oposiciones, hasta sufrir prepotencia y abusos. Actuar en la verdad cuesta, porque en el mundo hay quienes eligen la mentira, y porque el diablo, aprovechándose de ello, a menudo busca obstaculizar el actuar de los buenos.
Jesús, sin embargo, nos invita con su ayuda a no rendirnos ni a homologarnos con esta mentalidad, sino a seguir actuando por nuestro bien y el de todos, incluso de quienes nos hacen sufrir. Nos invita a no responder a la prepotencia con la venganza, sino a permanecer fieles a la verdad en la caridad. Los mártires dan testimonio de ello derramando su sangre por la fe, pero también nosotros, en circunstancias y de modos diferentes, podemos imitarlos.
Pensemos, por ejemplo, en el precio que debe pagar un buen padre, si quiere educar bien a sus hijos, según sanos principios; antes o después deberá saber decir algún “no”, hacer alguna corrección, y esto le causará sufrimiento. Lo mismo vale para un maestro que desee formar correctamente a sus alumnos, para un profesionista, un religioso, un político, que se propongan realizar honestamente su misión, y para cualquiera que se esfuerce en ejercer con coherencia, según las enseñanzas del Evangelio, sus propias responsabilidades.
San Ignacio de Antioquía, a este respecto, mientras estaba de viaje hacia Roma, donde sufriría el martirio, escribía a los cristianos de esta ciudad: «No quiero que sean aceptados por los hombres, sino por Dios» (Carta a los Romanos, 2, 1), y agregaba: «Es hermoso para mí morir por Jesucristo, más que reinar hasta los confines de la tierra» (ibid., 6, 1).
Hermanos y hermanas, pidamos juntos a María, Reina de los mártires, que nos ayude a ser, en toda circunstancia, testigos fieles y valientes de su Hijo, y a apoyar a los hermanos y hermanas que hoy sufren por la fe.
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