ALÉGRENSE JUNTOS Y NO TEMAN LLORAR CON EL QUE LLORA: MENSAJE DE LEÓN XIV A PARTICIPANTES EN FESTIVAL JUVENIL “MLADIFEST” EN MEDJUGORGJE (04/08/2025)

En su Mensaje a los participantes del 36º Festival de la Juventud “Mladifest”, realizado del 4 al 8 de agosto en el santuario de Bosnia y Herzegovina, bajo el lema “Vamos a la casa del Señor” (Sal 122,1), el Papa León XIV los anima a no dejarse frenar por barreras culturales o lingüísticas. La fe, dice en su Mensaje fechado el pasado 9 de julio, es un lenguaje “más fuerte que cualquier frontera”, capaz de unir corazones como llamas que, al encenderse mutuamente, forman “un único gran fuego que ilumina el camino”. Compartimos a continuación el texto de su mensaje, traducido del italiano:

Queridos jóvenes:

Estoy muy contento de dirigirme a ustedes, con un mensaje en ocasión del 36º Festival que les reúne, como cada año, en Medjugorje. Provienen de muchos países del mundo: a todos les dirijo con afecto el saludo del Señor Resucitado: “¡La paz esté con ustedes!”

En estos días meditan sobre el lema elegido para el Festival: “Vamos a la casa del Señor” (Sal 122, 1). Esta frase nos habla de un camino, de un deseo que se mueve hacia Dios, hacia el lugar de su morada, donde podemos estar realmente en casa, porque ahí nos espera su Amor. ¿Cómo se hace para caminar hacia la casa del Señor y no equivocar el camino? Jesús nos dijo «Yo soy el camino» (Jn 14, 6): es Él mismo quien nos acompaña, quien nos guía, quien nos fortalece a lo largo del camino. Su Espíritu nos abre los ojos y nos hace ver lo que solos no llegaríamos a comprender.

Por el camino de la vida nunca se camina solos. Nuestro camino está siempre entrelazado con el de alguien más: estamos hechos para el encuentro, para caminar juntos y descubrir juntos una meta común. Por ello comparto con gusto con ustedes un pensamiento de San Agustín que no habla de la casa del Señor como una meta lejana, sino que anuncia la alegría de un camino vivido juntos, como pueblo en peregrinación: «¡Vamos, vamos! Hablan así entre ellos y, encendiéndose, por decirlo así, uno al otro, forman una única llama. Y esta única llama, nace de quien al hablar comunica al otro el fuego del que arde». (S. Aurelii Augustini, Enarrationes in Psalmos, PL 37, p. 1619). ¡Qué imagen maravillosa! Nadie camina solo: nos animamos mutuamente, nos encendemos mutuamente. Las llamas de los corazones se unen y se convierten en un único gran fuego que ilumina el camino. También ustedes, jóvenes, no son peregrinos solitarios. Este camino hacia el Señor se recorre juntos. Es esta la belleza de la fe vivida en la Iglesia.

A través de los encuentros cotidianos, podemos recorrer juntos nuestra peregrinación hacia la casa del Señor. Al respecto, muy queridos jóvenes, saben bien que vivimos en un mundo cada vez más digital, donde la inteligencia artificial y la tecnología nos ofrecen mil oportunidades. Recuerden: ningún algoritmo podrá jamás sustituir un abrazo, una mirada, un verdadero encuentro, ni con Dios, ni con nuestros amigos, ni con nuestra familia. Piensen en María. También ella emprendió un viaje cansado para encontrar a su prima Isabel. No era fácil, pero lo hizo, y ese encuentro generó alegría: Juan Bautista exaltó en el vientre de su madre al reconocer, en el vientre de la Virgen María, la presencia viva del Señor. Siguiendo el ejemplo de María, los animo entonces a buscar encuentros verdaderos. Alégrense juntos, y no tengan miedo de llorar con el que llora, como nos dice también San Pablo: «Alégrense con los que están alegres, lloren con los que lloran» (Rom 12, 15).

Han llegado a Medjugorje desde muchas naciones y quizá les parezca que la lengua o la cultura son un obstáculo para el encuentro: tengan valor. Hay un lenguaje más fuerte que cualquier barrera, el lenguaje de la fe, alimentado por el amor de Dios. Todos son miembros de su Cuerpo, que es la Iglesia: encuéntrense, conózcanse, compartan. Sólo así, caminando juntos, apoyándose mutuamente, encendiéndose unos a otros, llegaremos a la casa del Señor. ¡Qué alegría saber que somos esperados en la casa del Padre, acogidos por su amor y que no debemos caminar solos, sino juntos!

A lo largo del camino, si alguno de ustedes siente en su interior la llamada a una vocación especial, a la vida consagrada o el sacerdocio, los animo a no tener miedo de responder. Esa invitación, que sienten vibrar por dentro, viene de Dios, que le habla a nuestro corazón. Escúchenlo con confianza: la palabra del Señor, de hecho, no sólo nos hace realmente libres y felices, sino que nos realiza auténticamente como hombres y como cristianos.

Queridos jóvenes, al encomendar a cada uno de ustedes a María, Madre de Cristo y Madre nuestra, los acompaño con mi oración. Que la Virgen Santa los anime y los guíe a lo largo del camino, para que se conviertan en anunciadores de paz y esperanza. De corazón imparto sobre todos ustedes mi bendición apostólica.

Desde Castel Gandolfo, 9 de julio 2025

León PP. XIV

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