EL CRISTIANISMO ES COMPROMISO POR UN MUNDO MÁS JUSTO Y FRATERNO: PALABRAS DE LEÓN XIV A POLÍTICOS Y PERSONALIDADES CIVILES DE FRANCIA (28/08/2025)

El Papa León XIV recibió este 28 de agosto en audiencia, en la Sala del Consistorio, a una delegación de representantes políticos y personalidades civiles procedentes de Francia y advirtió contra «una laicidad a veces mal entendida» y contra las «colonizaciones ideológicas». La doctrina de la Iglesia – dijo – es doctrina de salvación y no hay que temer promoverla. Compartimos a continuación el texto de su intervención, traducido del francés:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con ustedes.

Estoy seguro de que muchos de ustedes hablan inglés, ¿es verdad? Trataré de hablar francés contando con su benevolencia.

Saludo cordialmente a Su Excelencia Mons. Dominic Blanchet, y extiendo la bienvenida a todos ustedes, servidores de elección popular y personalidades civiles de la Diócesis de Créteil, en peregrinación a Roma.

Me alegra recibirlos en su camino de fe: vuelvan a sus tareas cotidianas fortalecidos en la esperanza, más firmes para trabajar en la construcción de un mundo más justo, más humano, más fraterno, que no puede ser otro más que un mundo más impregnado del Evangelio. Ante las derivaciones de todo tipo que vive en nuestras sociedades occidentales, no podemos hacer nada mejor, como cristianos, que volvernos hacia Cristo y pedir su ayuda en el ejercicio de nuestras responsabilidades.

Por eso, su camino, más que un simple enriquecimiento personal, es de gran importancia y utilidad para los hombres y mujeres a quienes sirven. Y es mucho más encomiable ya que no es fácil en Francia, para alguien que ha sido elegido, debido a una laicidad a veces mal entendida, decidir en coherencia con su fe en el ejercicio de responsabilidades públicas.

La salvación que Jesús obtuvo con su muerte y resurrección encierra todas las dimensiones de la vida humana, como la cultura, la economía y el trabajo, la familia y el matrimonio, el respeto a la dignidad humana y a la vida, la salud, pasando por la comunicación, la educación y la política. El cristianismo no puede reducirse a una simple devoción privada, porque implica un modo de vivir en sociedad marcado por el amor a Dios y al prójimo que, en Cristo, ya no es un enemigo sino un hermano.

Su región, lugar de sus esfuerzos, debe enfrentar grandes cuestiones sociales como la violencia en algunos barrios, la inseguridad, la precariedad, las redes de la droga, la falta de empleo, la desaparición de la convivencia… Para hacerles frente, el responsable cristiano es fuerte en la virtud y en la caridad que lo habita desde su bautismo. Esta última es un don de Dios, una «fuerza capaz de suscitar nuevos caminos para enfrentar los problemas del mundo de hoy y para renovar profundamente desde dentro estructuras, organizaciones sociales, ordenamientos jurídicos. En esta perspectiva, la caridad se convierte en caridad social y política: la caridad social nos hace amar el bien común y buscar efectivamente el bien de todas las personas» (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 207). Esa es la razón por la cual el responsable cristiano está mejor preparado para enfrentar los desafíos del mundo actual, naturalmente en la medida en qué vive y la testimonio de la fe que actúa en él, de su relación personal con Cristo que lo ilumina y le da fuerza. Jesús lo afirma con fuerza: «porque sin mí no pueden hacer nada» (Jn 15, 5); no hay que asombrarse entonces de que la promoción de “valores” – por muy evangélicos que sean – pero “vaciados” De Cristo que es su autor, sean incapaces de cambiar el mundo.

Entonces, Monseñor Blanchet me pidió que les diera algún consejo. El primero – y el único – qué les daré es que estén cada vez más unidos a Jesús, que lo vivan y den testimonio de Él. No existe separación en la personalidad de un personaje público: no existe por una parte el hombre político y por la otra el cristiano. Pero existe el hombre político que, bajo la mirada de Dios y de su conciencia, vive cristianamente sus propios esfuerzos y responsabilidades.

Están, por tanto, llamados a fortalecerse en la fe, a profundizar en la doctrina – en particular en la doctrina social – que Jesús enseñó al mundo y ponerla en práctica en el ejercicio de sus funciones y en la manufactura de las leyes. Sus fundamentos están sustancialmente en sintonía con la naturaleza humana, la ley natural que todos pueden reconocer, incluso los no cristianos, hasta los no creyentes. No hace falta entonces tener miedo a proponerla y defenderla con convicción: es una doctrina de salvación que busca el bien de todos los seres humanos, la edificación de sociedades pacíficas, armoniosas, prósperas y reconciliadas.

Soy muy consciente de que el compromiso abiertamente cristiano de un responsable público no es fácil, en particular en ciertas sociedades occidentales en las que Cristo y su Iglesia son marginados, a menudo ignorados, a veces ridiculizados. No ignoro tampoco las presiones, las directrices de partido, las «colonizaciones ideológicas» –para retomar una feliz expresión del Papa Francisco –, a las que los hombres políticos son expuestos. Deben tener valentía: la valentía de decir a veces «no, no puedo», cuando la verdad está en juego. También aquí, solo en la unión con Jesús – Jesús crucificado – les dará esta valentía de sufrir en su nombre. Lo dijo a sus discípulos: «Tendrán tribulaciones en el mundo, pero tengan confianza; yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33).

Queridos amigos, les agradezco por su visita y les aseguró mi más sincero apoyo para la consecución de sus actividades al servicio de sus conciudadanos. Conserven la esperanza de un mundo mejor; conserven la certeza de que, unidos a Cristo, sus esfuerzos darán fruto y serán recompensados. Los encomiendo a ustedes y a su país, a la protección de Nuestra Señora de la Asunción y les imparto de corazón la Bendición Apostólica.

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