LA IGLESIA EN ÁFRICA PUEDE SER UN FARO DE ESPERANZA PARA LAS NACIONES: VIDEO MENSAJE DE LEÓN XIV A LA RED CATÓLICA PANAFRICANA DE TEOLOGÍA Y PASTORAL (06/08/2025)

Este 6 de agosto, se dio a conocer el video mensaje del Santo Padre León XIV a los participantes en el Tercer Congreso de la Red Católica Panafricana de Teología y Pastoral titulado «Caminar juntos en la esperanza como Iglesia-Familia de Dios en África», reunidos del 5 al 10 de agosto, en la sede de la Universidad Católica de África Occidental, en Abidján, Costa de Marfil. “Los animo a seguir construyendo la familia de las Iglesias locales en sus diferentes países y zonas, para que haya redes de apoyo disponibles para todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo y para la sociedad en general, especialmente para los que viven en las periferias”, dice el Papa en su mensaje, cuyo texto reproducimos a continuación, traducido del italiano:

Queridos amigos:

Envío cordiales saludos a todos ustedes que están participando en el tercer Congreso Católico Panafricano sobre Teología, Sociedad y Vida Pastoral. Agradezco a los organizadores por el trabajo realizado en la organización de este importante encuentro. También ofrezco mis oraciones por los Obispos, teólogos, líderes pastorales, jóvenes y todos los fieles laicos que se han reunido para reflexionar sobre el futuro de la Iglesia en África.

Hace tres años, en ocasión del segundo Congreso, el Papa Francisco habló de la importancia de la fe. Ahora, en el ámbito del Jubileo de este año, ponemos en relieve otra virtud teologal: la esperanza. Quizás a veces se da más importancia a las virtudes de la fe y la caridad; sin embargo, la esperanza tiene un papel vital en nuestra peregrinación terrenal. De hecho, puede verse como la virtud que relaciona a las otras dos. En cierto sentido, la fe y la teología proporcionan la base para conocer a Dios, mientras que la caridad es la vida de amor que gozamos con Él. Sin embargo, es mediante la virtud de la esperanza que deseamos alcanzar la plenitud de esta felicidad en el Cielo. Así, ésta nos inspira y nos sostiene para acercarnos cada vez más a Dios, incluso cuando nos enfrentamos a las dificultades de la vida.

Como bien saben, África, de forma análoga a cualquier otra parte del mundo, enfrenta una serie de dificultades particulares. Ante estos desafíos, y ante la percepción de que las cosas no cambian, es fácil desanimarse. Sin embargo, es precisamente el papel de la Iglesia ser luz del mundo, ciudad situada en una colina [1], faro de esperanza para las naciones.

Al respecto, el tema de su Congreso es particularmente pertinente: “Caminar juntos en la esperanza como Iglesia Familia de Dios en África”. Si bien cada uno de nosotros está llamado a cultivar su propia relación personal con Dios, al mismo tiempo, a través de nuestro bautismo, estamos unidos como hijos e hijas de nuestro Padre Celestial. Tenemos entonces, una cierta responsabilidad de cuidarnos unos a otros. De hecho, la familia es normalmente el primer lugar donde recibimos el amor y el apoyo que necesitamos para avanzar y superar las pruebas que la vida nos presenta. Por este motivo, los animo a seguir construyendo la familia de las Iglesias locales en sus diversos países y áreas, para que existan redes de apoyo disponibles para todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo, y también para la sociedad en general, especialmente para los que viven en las periferias.

Finalmente, queridos amigos, quisiera subrayar la importancia de ver la unidad entre la teología y el trabajo pastoral. Debemos vivir aquello en lo que creemos. Cristo nos dijo que vino no sólo para darnos la vida, sino para dárnosla en abundancia [2]. Es, por tanto, su tarea trabajar juntos para poner en práctica programas pastorales que demuestren cómo las enseñanzas de la Iglesia ayudan a abrir los corazones y las mentes de las personas a la verdad y al amor de Dios.

Los encomiendo a ustedes y a su trabajo a la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, para que guíe e inspire sus esfuerzos. Y que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre e Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.


[1] cf. Mt 5, 14.

[2] cf. Jn 10, 10.

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