PROMOVER UNA FORMACIÓN PARA LA VIDA PÚBLICA AL SERVICIO DEL BIEN COMÚN: PALABRAS DE LEÓN XIV A MIEMBROS DEL CENTRO INTERNACIONAL DE ESTUDIOS PAPA LEÓN XIV (18/09/2026)

Este 18 de septiembre, el Santo Padre León XIV recibió en la Sala del Consistorio del Vaticano, a los miembros del “Centro Internacional de Estudios Papa León XIV”, una organización de investigación y producción cultural que nació en octubre de 2025, por iniciativa de la Orden de San Agustín para promover la figura y el magisterio de León XIV. A ellos, el Pontífice les recordó que “su misión de esperanza consiste en promover, en Italia y en todo el mundo, una formación para la vida pública y política entendida como servicio al bien común”. Compartimos a continuación el texto de su mensaje, traducido del italiano:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.

Buenos días a todos y bienvenidos. Este es, un poco, un encuentro familiar.

Queridos hermanos y hermanas:

Me alegra encontrarlos y acompañar así también los primeros pasos de la iniciativa de la Orden Agustina de promover un Centro de Estudios Internacionales que lleva mi nombre. Estoy particularmente agradecido por ello, debido a la importancia de la actitud de la reflexión y el pensamiento crítico en la construcción de una civilización del amor, al servicio de la cual la Doctrina Social de la Iglesia tiene mucho que ofrecer.

Aprecio, desde el principio, la voluntad del Centro para dialogar en todos los campos con universidades, instituciones académicas, entidades públicas, organizaciones de la sociedad civil, realidades eclesiales y redes asociativas, promoviendo relaciones de colaboración y discusión a nivel nacional e internacional. De dicha propensión es signo la colaboración con la Facultad Teológica de Italia Central y con el Pontificio Instituto Patrístico Augustinianum, recordada también en el decreto de erección del Centro. El secreto está en caminar juntos, siempre, sin cerrarse al encuentro incluso con quien es distinto y parece pensar, hablar o actuar de forma distinta.

La elección de Florencia como sede de esta nueva realidad es muy evocadora: es una invitación, de hecho, a dejarse inspirar por los valores del Humanismo, una visión abierta al Creador y por ello mismo, constructora de relaciones fraternas. No las guerras, sino el tejido de la paz y de justos equilibrios produce civilización, con la activa participación de todos los componente sociales y culturales de una sociedad abierta.

También «la contribución de la Doctrina Social de la Iglesia tiene en sí misma esta raíz popular que no hay que olvidar: sería inimaginable su relectura de la Revelación cristiana en las modernas circunstancias sociales, laborales, económicas y culturales sin los laicos cristianos frente a los desafíos de su tiempo. A su lado trabajaron religiosas y religiosos testigos de una Iglesia en salida de los caminos ya recorridos. El cambio de época que estamos enfrentando hace hoy aún más necesaria la continua interacción entre bautizados y Magisterio, entre ciudadanos y expertos, entre pueblo e instituciones» (Exhort. ap. Dilexi te, 82). Que su Centro de Estudios pueda favorecer dicho ejercicio, que necesita pioneros y facilitadores, especialmente cuando se corre el riesgo de que prevalezcan formas de desconfianza y resignación.

Que, a costa de avanzar contracorriente, su misión de esperanza consista en promover, en Italia y en el mundo, una formación para la vida pública y política entendida como servicio al bien común, responsabilidad hacia la comunidad y construcción de relaciones basadas en la solidaridad, en la justicia y la paz. Por tanto, lo contrario a la resignación. Por otra parte, como el Papa Francisco quiso subrayar al hablar precisamente en Florencia, «no existe humanismo auténtico que no contemple el amor como vínculo entre los seres humanos, sea este de naturaleza interpersonal, íntima, social, política o intelectual» (Discurso al V Congreso Nacional de la Iglesia Italiana, 10 de noviembre 2015). La reflexión agustina, en la base de su iniciativa, tiene en dicho sentido mucho que ofrecer en el actual horizonte internacional, para una comprensión del amor como principio de renovación de la vida personal, económica y política. El amor vincula para liberar, une para engendrar, compromete para construir.

Muy queridos todos, «nosotros miramos la historia a la luz del Crucificado Resucitado […]. No interpretamos el presente como un destino cerrado, sino como un campo abierto a la conversión personal y colectiva. Y creemos en la fuerza del Reino, que se desarrolla a partir de la pequeñez de un grano de mostaza […]. Con las palabras del profeta: «He aquí, que yo hago algo nuevo: precisamente ahora germina, ¿no se dan cuenta?» (Is 43, 19). (Carta enc. Magnifica humanitas, 210). Sí, sean expertos en las novedades de Dios, no las que deslumbran por su velocidad y eficiencia, sino las que Él obra silenciosamente, liberando al mundo viejo de sus callejones sin salida e inaugurando senderos sobre los cuales avanzar juntos, hacia su ciudad.

Que el Señor recompense con abundantes frutos su compromiso, y los acompañe en la Bendición Apostólica que imparto de corazón a todos ustedes. Gracias.

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