DAR TESTIMONIO DE LA UNIDAD DE LA FAMILIA HUMANA EN UN MUNDO FRAGMENTADO: PALABRAS DE LEÓN XIV A OBISPOS AMIGOS DEL MOVIMIENTO DE LOS FOCOLARES (09/09/2026)

El Papa León XIV recibió este 9 de septiembre por la mañana, en la Sala Clementina del Vaticano, a un grupo de Obispos de todo el mundo, amigos del Movimiento de los Focolares, a quienes pidió dar testimonio de la unidad en un mundo cada vez más fragmentado. “Como partícipes del legado espiritual de Chiara Lubich y como ministros de la Iglesia de Cristo en un mundo fragmentado, están llamados a dar testimonio de este deseo por la unidad de la familia humana”, dijo el Santo Padre, recalcando que “la respuesta a las tristes divisiones que aquejan a nuestro mundo” no consiste en “formar más comités o en lanzar más proyectos, sino en volver a la fuente de nuestra unidad en la Santísima Trinidad”. Reproducimos a continuación el texto de su discurso, traducido del inglés:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.

Buenos días a todos ustedes y bienvenidos:

Los saludo cordialmente, amigos del Movimiento de los Focolares, que se han reunido para su encuentro espiritual. Estoy agradecido por su visita de este día, que expresa su afecto colegial y les agradezco por sus continuas oraciones. Me alegra ver a tantos de ustedes, de distintos países, orígenes y situaciones sociales, reunidos en un solo espíritu bajo la Obra de María. Esas palabras tranquilizadoras de Nuestro Señor vienen a la mente: «Cuando dos o tres están reunidos en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20).

De hecho, el tema elegido para su congreso, “Dando testimonio de la unidad”, es uno de los elementos esenciales del movimiento fundado por Chiara Lubich, y uno que es cercano a mi corazón. En una época tristemente marcada por la creciente polarización, Nuestro Señor le permitió dar testimonio tanto del sentido como del servicio a la unidad, convirtiéndose así en signo para su generación y las futuras (cf. Papa Francisco, Discurso a los Obispos amigos del Movimiento de los Focolares, 25 de septiembre 2021).

Si esa fue la tarea de Chiara hace 40 años, es la nuestra aún de forma más urgente hoy. Pienso en las difíciles situaciones sociales, las circunstancias, las divisiones que algunos de ustedes, hermanos, soportan en sus países, situaciones como el prejuicio, el racismo, la intolerancia religiosa, incluso la violencia.

Pienso también en la situación aquí en Occidente, ahora muy marcado por los efectos del individualismo, donde las redes familiares alguna vez estables, la amistad y la comunidad están dando paso a una mayor fragmentación, y donde la libertad es cada vez más presentada como autonomía absoluta – la capacidad de buscar la felicidad sin ningún límite moral, natural, o incluso humano (cf. Carta enc. Magnifica humanitas, 118).

Y, sin embargo, observamos una paradoja. A pesar del énfasis en la libertad individual, la gente hoy se siente frecuentemente menos libre para ser ellos mismos de manera genuina o para seguir sus más altos ideales, a partir de un miedo escondido a ser juzgados o a no encajar en sus ambientes. Más aún, esta pérdida de apertura a los demás, que exacerba un sentido de falta de unidad, en último término nos quita la felicidad para la cual fuimos creados, ya que somos hechos a imagen del Dios Trino, que es Él mismo una comunión de personas – Padre, Hijo y Espíritu Santo. Al revelar el corazón del Padre, Cristo nos muestra el más profundo significado de nuestra existencia, de nuestras relaciones y el camino a la felicidad. A través del don del Espíritu, nos hemos convertido en hijos de Dios, partícipes de la vida divina, y a partir de esta comunión con Dios fluye nuestra comunión con los demás como hermanos y hermanas en Cristo. Esto es la Iglesia, un misterio de comunión (cf. Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Communionis notio, 3), signo y levadura de unidad para nuestro mundo.

Como partícipes del legado espiritual de Chiara Lubich y como ministros de la Iglesia de Cristo en un mundo fragmentado, están llamados a dar testimonio de este deseo por la unidad de la familia humana. La respuesta a las tristes divisiones que aquejan a nuestro mundo reside no en formar más comités o en lanzar más proyectos, sino en volver a la fuente de nuestra unidad en la Santísima Trinidad. De hecho, debemos volvernos contemplativos.

Con estos pensamientos, los animo a aprovechar estos días juntos para vivir esa fraternidad que recuerda y confirma nuestra semejanza en Cristo. Estos son días de gracia, encontrarse con nuestros hermanos en el Episcopado. Sabemos cómo nos beneficia. Me alegra, por tanto, que hayan encontrado en la Obra de María este apoyo espiritual. Que también los ayude a vivir la comunión y la fraternidad en sus respectivas Conferencias Episcopales.

Sobre todo, espero que aprovechen la oportunidad para alimentar su vida interior: con la oración generosa y sostenida ante Nuestro Señor en el Tabernáculo, con una celebración tranquila y atenta del Oficio y la Santa Misa y, finalmente, con la frecuente contemplación de la presencia de las Personas de la Trinidad en lo profundo de nuestro ser. De esta forma, serán testigos mutuamente y para aquellos a los que sirven, de esa unidad que construye una paz duradera.

Para concluir, los encomiendo a ustedes y a la Obra de María a la amorosa intercesión de Nuestra Señora, Madre de la Iglesia, y a todos ustedes les imparto con gusto mi Bendición Apostólica como prenda de alegría y paz en Cristo Nuestro Señor. Gracias.

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