REDESCUBRIR LA ALEGRÍA DE EVANGELIZAR: PALABRAS DE LEÓN XIV A LA ASAMBLEA PLENARIA DEL DICASTERIO PARA LA DOCTRINA DE LA FE (29/01/2026)

Al recibir este 29 de enero, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, a los participantes en la Asamblea Plenaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, encargado de promover y proteger la integridad de la doctrina católica, el Papa León XIV invitó a anunciar el Evangelio sin «protagonismos ni particularismos», sino siempre «por atracción». El Santo Padre consideró la ruptura en la transmisión de la fe a las nuevas generaciones como un tema «de gran urgencia» en nuestra época. Transcribimos a continuación el texto de su intervención, traducido del italiano:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.

Buenos días y bienvenidos.

Señores Cardenales, queridos hermanos en el Episcopado, queridos hermanos y hermanas:

Con alegría los recibo con ocasión de su Sesión Plenaria. Saludo y agradezco cordialmente al Prefecto del Dicasterio junto con los Superiores y los Oficiales. Conozco bien el valioso servicio que desarrollan, con la finalidad – como dice la Constitución Praedicate Evangelium – de «ayudar al Romano Pontífice y a los Obispos en el anuncio del Evangelio en todo el mundo, promoviendo y protegiendo la integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral, tomando del depósito de la fe y buscando su comprensión cada vez más profunda de esta ante las nuevas preguntas» (n. 69).

Su misión es ofrecer aclaraciones sobre la doctrina de la Iglesia, mediante indicaciones pastorales y teológicas acerca de cuestiones a menudo bastante delicadas. Con este fin, en los dos últimos años, el Dicasterio ha publicado diversos documentos; recuerdo los principales: la Nota Gestis verbisque, sobre la validez de los Sacramentos (2 de febrero de 2024), que ofreció instrucciones claras para resolver los casos dudosos relativos a su administración; la Declaración Dignitas infinita, sobre la dignidad humana (2 de abril de 2024), que ha reiterado la infinita dignidad de todo ser humano, hoy gravemente en peligro, en particular por las guerras en curso y por una economía que pone en primer lugar el lucro; las Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales (17 de mayo de 2024), que han permitido resolver casos relativos a tales eventos, entre ellos el que se refiere a la experiencia espiritual de Medjugorje, a la que se dedicó específicamente la Nota La Reina de la Paz (19 de septiembre de 2024); la Nota Antiqua et nova, elaborada en colaboración con el Dicasterio para la Cultura y la Educación (28 de enero de 2025), que ofrece una amplia y precisa consideración sobre la relación entre inteligencia artificial e inteligencia humana; la Nota doctrinal Mater Populi fidelis, sobre algunos títulos marianos referidos a la cooperación de María en la obra de la salvación (4 de noviembre de 2025), que alienta la devoción popular mariana, profundizando en sus fundamentos bíblicos y teológicos, y, al mismo tiempo, brinda precisas e importantes aclaraciones para la mariología; finalmente, la Nota doctrinal Una caro. Elogio de la monogamia, sobre el valor del Matrimonio como unión exclusiva y pertenencia recíproca (25 de noviembre de 2025), que profundiza de manera original en la propiedad de la unidad del Matrimonio entre un hombre y una mujer.

Tanto trabajo ciertamente ayudará mucho para el crecimiento espiritual del santo y fiel Pueblo de Dios. En el contexto de cambio de época que estamos viviendo, éste ofrece, de hecho, a los fieles una palabra inmediata y clara por parte de la Iglesia, especialmente por lo que se refiere a los numerosos nuevos fenómenos que se asoman al escenario de la historia. Da, además, valiosas orientaciones a los Obispos para el ejercicio de su acción pastoral, así como a los teólogos, en su servicio de estudio y de evangelización.

Aprecio, en especial, que en esta “Plenaria” hayan iniciado una provechosa discusión sobre el tema de la transmisión de la fe, tema de gran urgencia en nuestro tiempo. No podemos, de hecho, «ignorar que, en las últimas décadas, se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico» [1], y que, sobre todo en los contextos de antigua evangelización, aumenta el número de aquellos que ya no consideran el Evangelio como un recurso fundamental para su propia existencia, especialmente entre las nuevas generaciones. No son pocos, en verdad, los y las jóvenes que viven sin ninguna referencia a Dios y a la Iglesia y, si por una parte esto provoca dolor en nosotros los creyentes, por otra debe llevarnos a redescubrir la “dulce y confortadora alegría de evangelizar” [2], que está en el corazón mismo de la vida y de la misión de la Esposa de Cristo.

Como recordé con ocasión del reciente Consistorio extraordinario, «queremos ser una Iglesia que no se mira solo a sí misma, que es misionera, que mira más allá, a los demás» [3]; una Iglesia que anuncia el Evangelio, sobre todo a través de la fuerza de la atracción, como muchas veces reiteraron mis predecesores Benedicto XVI y Francisco [4].

Fundamento de la vida del Cuerpo de Cristo es el amor del Padre, que se nos ha revelado en el Hijo hecho hombre, presente y actuante en nosotros por el don del Espíritu: por eso, «no es la Iglesia la que atrae, sino Cristo, y si un cristiano o una comunidad eclesial atrae, es porque a través de ese “canal” llega la savia vital de la Caridad que brota del Corazón del Salvador». [5]

La Iglesia anuncia a Cristo, sin protagonismos ni particularismos, y en ella cada uno es y debe reconocerse siempre y solamente como «un simple y humilde trabajador en la viña del Señor» [6].

Quisiera señalar, antes de concluir, a otro servicio suyo, por el que les estoy agradecido y que encomiendo a su cuidado: el de acoger y acompañar, con benevolencia y buen juicio, a los Obispos y Superiores Generales llamados a tratar casos de delitos reservados al Dicasterio. Es un ámbito ministerial muy delicado, en el que es fundamental actuar de manera que siempre sean honradas y respetadas las exigencias de la justicia, la verdad y la caridad.

Muy queridos todos, renuevo, finalmente, mi agradecimiento a cada uno de ustedes por la valiosa aportación que hace a la vida y a la obra del Dicasterio y de toda la Iglesia, sobre todo cuando dicha aportación se ofrece de manera humilde y no ostentosa. Signo de mi gratitud es la Bendición Apostólica que imparto de corazón a todos ustedes y a sus seres queridos. Gracias.


[1] Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 de noviembre de 2013), 70.

[2] cf. S. Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 80; cit. en Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 de noviembre de 2013), 10.

[3] Palabras improvisadas al final de la primera sesión del Consistorio Extraordinario, 8 de enero de 2026.

[4] cf. Benedicto XVI, Homilía de la Santa Misa de inauguración de la V Conferencia general del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (13 de mayo de 2007); Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 de noviembre de 2013), 14.

[5] Discurso con ocasión del Consistorio extraordinario (7 de enero de 2026).

[6] Benedicto XVI, Bendición apostólica “Urbi et orbi” y primer saludo (19 de abril de 2005).

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