NO HABRÁ PAZ SI SE DESCARTA A LOS DÉBILES: PALABRAS DE LEÓN XIV A PARTICIPANTES EN CONGRESO DE JÓVENES POLÍTICOS (31/01/2025)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz sea con ustedes.
Me dijeron que hablara en italiano… Aunque veo alguna bandera peruana allá atrás. Buenos días (en español). Good morning!
Queridos hermanos y hermanas:
Estoy muy contento de encontrarme con jóvenes como ustedes, procedentes de todas partes del mundo, unidos en el compromiso político en busca del bien común. Las diferentes naciones, culturas y religiones a las que pertenecen no son para ustedes motivo de rivalidad, sino de colaboración y crecimiento según un estilo sinodal. Este método de escucha y discernimiento no es indiferente a los temas que tratan, sino que funciona como un lente a través del cual observar el mundo. Como forma de comunión que nos une, la sinodalidad nos vuelve atentos a la mirada que está a nuestro lado, y no sólo a lo que observamos, ejercitándonos en componer visiones de conjunto que respeten la complejidad sin caer en la confusión y busquen la verdad sin temer la confrontación.
En este sentido, les agradezco por las muchas iniciativas en las que trabajan, especialmente el proyecto “Cuatro Sueños” de la Pontificia Comisión para América Latina, nacido de la intuición de Papa Francisco. En la Exhortación apostólica Querida Amazonia, él invita a cultivar juntos los sueños eclesiales, ecológicos, sociales y culturales. ¡Qué urgente es dedicar las mejores energías al cuidado de estos ámbitos, sobre todo en tiempos heridos por tantas injusticias, por la violencia y la guerra! Hoy, su papel de líderes implica, por ello, una creciente responsabilidad por la paz: no solamente entre las naciones, sino allí donde viven, estudian y trabajan cada día. Si no promovemos la concordia en una universidad o en una oficina, entre partidos y asociaciones, ¿cómo podremos cuidarla en todo un Estado o entre Continentes? Con corazón puro y mente limpia, busquen siempre esta paz como don, alianza, promesa.
Sí, la paz es sobre todo un don, porque la recibimos de quienes nos preceden en la historia; es un bien que hay que agradecer. La paz es alianza, que nos confiere un compromiso común: el de honrarla, cuando existe, y realizarla, cuando falta. La paz, finalmente, es promesa, porque sostiene nuestra esperanza en un mundo mejor y, como tal, es buscada por todas las personas de buena voluntad. La política desempeña aquí una función social insustituible; los exhorto por ello a cooperar cada vez más en el estudio de formas participativas que involucren a todos los ciudadanos, hombres y mujeres, en la vida institucional de los Estados. Sobre estas bases será posible edificar esa fraternidad universal que ya se anuncia entre ustedes, jóvenes, como signo de un tiempo nuevo: su trabajo, de hecho, encuentra su máxima expresión cuando trabaja por una humanidad pacificada en la justicia.
Con dicho fin, los invito a reflexionar sobre el hecho de que no habrá paz sin poner fin a la guerra que la humanidad libra contra sí misma cuando descarta a los débiles, cuando excluye a los pobres, cuando permanece indiferente ante los refugiados y los oprimidos. Sólo quien cuida de los más pequeños puede hacer cosas verdaderamente grandes. La Madre Teresa de Calcuta, santa de los últimos y premio Nobel de la Paz, afirmaba al respecto que «el mayor destructor de la paz es el aborto» (cf. Discurso en el Desayuno de Oración Nacional, 3 febrero 1994). Su voz sigue siendo profética: ninguna política puede, de hecho, ponerse al servicio de los pueblos si excluye de la vida a los que están por venir al mundo, si no socorre a quienes se encuentran en la indigencia material y espiritual.
Ante los muchos desafíos del presente tengan, entonces, valor, recordando que no están solos en la búsqueda de la fraternidad universal: el único Dios nos da la tierra como casa común para todos los pueblos. El título de su Congreso, “One humanity, One Planet”, merece por ello completarse con “One God” (“Un Dios”): reconociendo en Él al Creador bueno, nuestras religiones nos llaman a contribuir al progreso social, buscando siempre ese bien común que tiene como cimientos la justicia y la paz. Con esta certeza en el corazón, sobre todos ustedes, sobre quienes los acompañan, sobre sus seres queridos, imparto la Bendición Apostólica. Gracias.

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